3 sencillos pasos para educar en inteligencia emocional en casa (parte 1)

¿Todavía no crees en el poder que tienen las emociones en ti y en tus hijos?

Pues es mucho, muchísimo. Que lleguemos cansados a casa, después de un durísimo día de trabajo y tener que «pelear» con nuestros hijos para que estudien, hagan los deberes, se duchen, cenen y se vayan a dormir a la hora puede ser una batalla diaria que convierte nuestra casa en un auténtico polvorín.

Todas estas situaciones provocan una y otra vez una serie de emociones (rabia, agobio, enfado y otras tantas) no muy agradables, la cuales a su vez provocan comportamientos y conductas por nuestra parte que difícilmente podemos controlar. Y si no las podemos controlar, tampoco estaremos educando. Y entonces viene el arrepentimiento, la culpa y el temido «me he pasado…tampoco era para tanto».

Taller para padres y madres sobre las emociones propias y de los hijos

Esta semana hemos realizado un taller sobre inteligencia emocional enfocado a mamás y papás. Si nos sigues, sabrás que nos gusta aterrizar los conceptos y brindaros herramientas prácticas para el día a día (algunas de ellas de coaching). Sólo de esta manera creemos que podemos ayudaros: poniéndonos en vuestra situación y acercándonos a los conflictos cotidianos a los que os enfrentáis.

Quiero aprovechar esta entrada para contaros los tres sencillos pasos que trabajamos durante la charla taller para que tú también puedas ponerlos en marcha. Te aviso, no hay fórmulas mágicas, en educación nunca las hay, pero si alguna te sirve, me doy por satisfecha.

Lo primero que debemos entender: las emociones siempre están ahí

¿Sabrías decirme cuántas emociones has experimentado hoy? Probablemente no. ¿Por qué? Pues porque la mayoría de nosotros no reparamos en ellas a no ser que sean de alta intensidad. Pero piensa en cómo te has levantado, qué has sentido al ver que no había café, cómo te ha afectado que te hayan adelantado la reunión con tu jefe, la alegría que te ha dado al encontrarte a un viejo amigo por la calle y cómo has reaccionado cuando tu hijo ha traído un suspenso en matemáticas. ¿Qué tal? Y todo esto en un día (y muchas otras cosas más que nos pasan, ¿verdad?)

Lo más probable es que hayáis pasado por diferentes emociones a lo largo de la jornada, algunas agradables y otras menos. ¿Por qué? Básicamente porque nuestras emociones varían, son intrínsecas del ser humano y cambian constantemente. Esto es lo primero que debemos considerar. Que nuestro estado de ánimo cambia y el de nuestros hijos… también.

Mis emociones le afectan a mi hijo y viceversa

Les enseñamos a atarse los zapatos, a saludar correctamente, algún juego o deporte, a colaborar en casa pero no les enseñamos emociones. En el cole no lo hacen o no con toda la importancia que se merece y nosotros desde casa tampoco. Y así nos va… luego que queremos que se controle, que no pegue, que no mienta, que este tranquilo, y lo más importante: que sea feliz. 

Pero vayamos al grano, ¿por qué no enseñamos o hablamos explícitamente de emociones? Pues porque nosotros hemos ido aprendiendo sobre la marcha, según las situaciones a las que nos hemos ido enfrentando a lo largo de la vida. Estas situaciones implican tanto a padres como a hijos (los niños se enfrentan a situaciones difíciles como nosotros, ya lo sabes) y si las emociones de ambos nos afectan al otro, ¿quién crees tú que debe hacer por gestionar sus estados emocionales? Si pensaste que eres tú, acertaste. Comencemos por nosotros y luego los niños aprenderán por imitación.

¿Por dónde empezamos a educar emocionalmente en casa? 

Paso 1: acepta las emociones, están ahí por algo

Lo primero que debemos entender es que las emociones aparecen por algo. Están ahí por algo. Nuestras emociones constituyen señales que nos hacen saber cuándo tenemos problemas. Está claro lo importante que es que los niños aprendan a ser conscientes de sus sentimientos pero si con frecuencia a los adultos les resulta difícil hacerlo, no digamos a ellos. 

Nuestras emociones nos alertan de las cosas que consideramos importantes según nuestros valores, actitudes y visión de vida. No sentimos fuertes emociones sobre cosas que no nos importan. Si sientes ira cuando tu hijo no saluda a los familiares, esa ira es una señal, quizás, de que valoras las normas sociales y de cortesía,  y una oportunidad para tomar acción en esa dirección. Cuando estás abierto a las emociones difíciles, eres capaz de generar respuestas que están alineadas con tus valores. 

¿Sabías que un tercio de las personas nos juzgamos por tener las llamadas «malas emociones»,  como la tristeza, la ira o incluso el dolor? Es decir, este tercio hace a un lado estos sentimientos. Hacemos esto, no solo a nosotros mismos,  sino también a las personas que más queremos, como nuestros hijos: podemos avergonzarlos inadvertidamente de las emociones vistas como negativas, saltar a una solución  y no ayudarlos a ver estas emociones como inherentemente valiosas. “No llores que te pones muy feo”.

Entonces, lo primero que debemos hacer es no dar por hecho las emociones que sienten nuestros hijos y cuando veamos una conducta determinada que nos llame la atención, da igual que sea positiva que negativa: preguntar con cariño y sin juicios y, de esta manera validamos pero sobre todo callar y escuchar. Otra fórmula que no falla es acompañar en la conversación con emociones del tipo: «aja», «oh», «vaya», «claro», que tirar por tierra lo que está diciendo el niño. 

Paso 2: sé preciso y ponles nombre

Supongamos que este es nuestro estado: nos sentimos mal. No sabemos muy bien el porqué, pues aparentemente no ha ocurrido nada extraño pero sabemos que algo nos pasa porque estamos como malhumorados. Ojo con las emociones que son bastante sutiles. Si eres inteligente emocionalmente, lo más probable es que hagas un repaso del día, y te des cuenta que la mañana ha pasado bastante normal, con los rifi rafes habituales con tu jefa pero sin más. Sabes que ha sido después de comer cuando tu estado ha cambiado y algo ha cambiado en ti, no sabes muy bien el qué y por qué, pero sientes enfado y malhumor. Sigues repasando y caes en la cuenta que ha sido a raíz de ver el tiempo en las noticias, cuando han dicho que se esperan chubascos y lluvias para el fin de semana en el Pirineo. Vale, vale, algo te empieza a sonar. Resulta que este fin de semana habíais planeado toda la familia subir a la nieve y tiraros las primera bolas, esquiar… ¿cómo te sientes ahora? lo tienes claro: frustrado. 

Ahora sí que hemos sido precisos. ¿Y por qué ser preciso es tan importante? Porque son las palabras las que nos dan la llave para abrir la puerta a una mejora, a una solución, a un plan B, a la acción. Esta emoción, que ahora sabemos que es frustración nos invita a realizar algo, nos invita a la acción. Y tiene todo el sentido del mundo, porque etimológicamente hablando, el concepto de emoción proviene del latín emovere que significa “movimiento hacia”. En este caso, movimiento hacia otro plan de fin de semana. 

Si aquí hemos hablado de hacer un repaso del día para ver qué nos ha pasado, qué nos ha afectado, la idea es que también nuestros hijos con sus propias emociones sean capaces de definir con precisión lo que sienten en un determinado momento. 

Pero aquí nos encontramos con una dificultad. ¿Alguien intentaría o estaría tan loco de enseñarle a su hijo a nadar sin saber él mismo nadar? Lo cierto es que no, por eso, también es difícil que nuestros hijos le pongan nombre a sus emociones, si no tienen un buen vocabulario emocional porque nosotros mismos no tenemos ese vocabulario emocional. Si nosotros no les hemos enseñado las diferentes emociones, si nosotros no tenemos un conocimiento de las diferentes emociones que existen es difícil que podamos enseñarlas.

Ése es el primer punto, saber primero nosotros qué emociones existen y qué función tienen para luego enseñarlas a nuestros hijos. 

¿Y cómo hacemos esto? Sentimos dejarte con las ganas, pero en la siguiente entrada te lo contaremos con pelos y señales y además, concluiremos con el paso 3: cómo controlar la conducta ante una emoción descontrolada.

Por ahora, practicar la aceptación de TODAS las emociones y ponerles nombre en la medida de lo posible, ya consideramos que lleva trabajo suficiente. Recuerda que se trata de una carrera de fondo, que consiste en practicar, practicar y practicar. ¡A por ello! 💪