5 hábitos que practican los padres con hijos emocionalmente inteligentes

En el anterior post hablaba de que no siempre es fácil educar en inteligencia emocional y de las dificultades más frecuentes a las que se enfrentan los padres en el día a día cuando se proponen educar en emociones.

Aunque vamos a entrar en breves en harina y os daré esas pautas que podéis empezar a aplicar desde ya en vuestra vida, antes tengo que hacer un par de aclaraciones al respecto.

Yo lo que quiero es que mi hijo sea feliz

¿Qué padres no quieren eso para sus hijos? Es un objetivo que siempre aparece en las sesiones de coaching, y que yo buscaba también como maestra. Será utópico o no, y por supuesto que yo quería que mis chicos aprendieran mucho, desarrollaran muchas habilidades y hablaran alemán fenomenal (yo era profesora de alemán) pero en última instancia, a mí lo que me importaba es que mis alumnos fueran felices. Por eso, entiendo tan bien a los padres cuando vienen a las sesiones y me plantean el objetivo para su hijo, (como ya he comentado en otros posts, en coaching, es el coachee, en este caso, el niño o adolescente, el que marca el objetivo), siempre le sigue la coletilla, «queremos, fundamentalmente, que sea feliz».

Y por eso, me viene a la cabeza un artículo que leí hace unos días sobre la evolución del término felicidad a lo largo de la historia.

¿Qué tiene que ver esto con la Inteligencia Emocional? Pues mucho, porque es fundamental, queridos lectores, entendamos que el hecho de tener una buena gestión de nuestras emociones y de las de los demás, no implica que siempre vayamos a estar bien o seamos felices permanentemente. 

Es algo que me preocupa, pues si no somos capaces de admitir sentimientos y emociones que son propias de la condición humana como la frustración, la ira, la tristeza o la soledad, no podremos desarrollar inteligencia emocional (ni mucho menos enseñarla).

Requisito fundamental para desarrollar y enseñar inteligencia emocional: aceptar todas las emociones (también la frustración, la ira, la rabia y la tristeza). Nuestras y de los demás.

Educar en inteligencia emocional

No me gustaría centrar este post en técnicas de inteligencia emocional. Así que dejaré las dinámicas para otra entrada y me centraré en cómo podemos aplicar la inteligencia emocional en el día a día, integrando la inteligencia emocional como parte de nuestra vida.

¿Funcionan estos tips? No me creas. Lo que me funciona a mí o a otros padres, no tiene por qué funcionarte a ti. Pero no pierdes nada, y no te harán ningún mal, ni a ti ni a tu familia (todo lo contrario), así que… ¿por qué no ponerlos en práctica y dentro de unas semanas, o días (los efectos pueden ser rápidos si el compromiso es fuerte), me cuentas?

1. Aprovecha TODAS las situaciones

¿Se ha muerto el perro de la vecina? ¿Se van a separar los padres de Jaime? ¿Ana y Marta se han peleado en clase? ¿Has discutido con tu mujer y tu hijo estaba presente? Todos los días surgen situaciones complicadas, que debemos aprovechar para comentar, compartir opiniones, inquietudes, deseos, etc.

No evites la situación y mucho menos la conversación. ¿Se ha muerto el perro de la vecina y ves que a tu hijo le afecta muchísimo o por el contrario, no le afecta nada? Claro, todo dependerá de la relación que tengamos con la vecina y por supuesto, la que tuviera tu hijo con el perro, pero es una ocasión de oro para preguntarle a tu hijo qué piensa, cómo le hace sentir, preguntarle cómo cree que se sentirá la dueña, etc.

No evites los temas que menos no gustan, como los accidentes, la muerte o las peleas. Aprovéchalos para aprender a identificar las emociones que surgen a partir de estas situaciones como algo natural de la vida.

2. Cuéntale cómo lo ves tú

Sigamos con el ejemplo anterior del perro de la vecina (con todos los respetos al mundo perruno, del cual soy fan). Supongamos que propicias esa conversación para que tu hijo te cuente cómo se siente, qué opina, a qué le recuerda… Ese es el primer paso, el segundo paso, es llevar a cabo la conversación.

Te dirás… ¡pero si ya estoy conversando! Bueno, la idea es que converses de verdad. Es decir, cuéntale cómo te sientes tú, que te genera la situación, cuéntale otra que tú hayas vivido que haya sido parecida.

Al contar a los niños nuestras inquietudes, puntos de vista, emociones y deseos (desde un punto de vista imparcial, sin querer persuadirles) trabajamos la empatía.

Y piénsalo, si tu hijo es capaz de ponerse en tu lugar, será muy fácil que se ponga en el lugar de cualquier persona. Tú, si eres madre o padre, me entiendes.

3. Enséñale a poner el foco donde le interese

Hemos hablado de esas situaciones feas para trabajar desde ahí la inteligencia emocional. ¿Por qué? Porque son las que mayores quebraderos de cabeza nos traen y para las que más útil nos resulta el desarrollo de esta habilidad.

La alegría y la sorpresa (siempre que sea buena), pocas veces he visto que se convierta en un problema (aunque podría…) pero el miedo, el temor, la incertidumbre o la rabia sí que nos puede traer alguna preocupación de más si no sabemos gestionarlas.

Supongamos que tu hijo o hija, está pasando una mala temporada. Está en época de exámenes y los resultados que ha obtenido hasta ahora no son todo lo positivos que esperaba. Todavía le quedan tres exámenes y está triste, frustrado, desmotivado…

Queridos papás y mamás, hacedle ver lo que ha conseguido hasta ahora. Sin ser condescendientes (si le han salido mal los exámenes anteriores, le han salido mal). Pero puedes hacer algo al respecto.

Ponte en su situación, compréndelo, sé empático con él y cuando estéis conectados, incídele para que te diga qué ha hecho bien hasta ahora. Que vea el lado positivo y se enfoque en eso.

Sólo podemos tener un pensamiento a la vez (venga, que sé que lo estás intentando, es cierto). Es decir, si pensamos en algo positivo no podemos hacerlo en algo negativo. Esa positividad será la gasolina que necesita para seguir estudiando eficazmente los exámenes que le quedan.

4. Enséñale a que se automotive

Creo que este es uno de los tips más sencillos de aplicar y uno de los que menos se practica.

En fácil pero a veces nos da vergüenza entrar en según que conversaciones con nuestros hijos o damos por hecho lo que quieren. ¿Qué tal si les preguntamos?

Pregúntale a tu hijo qué espera de la vida, qué espera el año que viene, qué tiene pensado para la semana que viene… cuáles son sus objetivos. Marcarse metas le ayudará a motivarse en momentos difíciles.

Es muy importante escribir estos objetivos. Por escrito, simplemente el compromiso aumenta.

En referencia a esto, cada persona es única y como única tiene sus aspiraciones, deseos, motivaciones… Esto parece obvio, pero cuando en las sesiones de coaching pregunto: «¿qué esperas de la vida?», «¿qué quieres haber logrado el año que viene?» o «¿qué te motiva realmente?» la cara que me ponen los niños y adolescentes es para grabarla… Como por cuestiones de confidencialidad me es imposible grabar una, os la describo:

Imaginaros la cara de «¿eh? ¿Qué mestás preguntado?», «eso no depende de mí», «¿a qué viene eso?» o peor «¡no tengo ni idea!»

¿Que por qué la peor es «no tengo ni idea»? Porque están acostumbrados a que les digamos qué tienen que hacer y qué no, de qué son capaces y de qué no, cómo deben ser y cómo no. Y cuando se les pregunta, no tienen ni idea, pues nunca se lo han planteado. Es entonces, cuando toman conciencia de que la dirección de su vida, depende de ellos.

5. Cuando no se puede educar en inteligencia emocional

Aquí nuestra tarea pendiente en referencia al último post. ¿Qué se puede hacer para educar en inteligencia emocional por las mañanas? Siento no ponerle más emoción al asunto pero la respuesta te la di en ese mismo post: predicar con el ejemplo.

Querido papá, mamá, maestro, educadora, si quieres educar en inteligencia emocional cuando estás ansioso, lleno de rabia, ira, frustración, no vas a poder.

Primero, practica tú la inteligencia emocional, aplicando los puntos anteriores y lo demás, llegará por añadiduría. Ya lo verás.