¿Conflictos con tus hijos? Cómo evitarlos y cómo resolverlos

Vamos directos al grano: aprende a gestionar los conflictos en casa

3. Cómo evitar las discusiones con los hijos

Si estás teniendo conflictos con tus hijos y quieres descubrir cómo puedes evitarlos y cómo puedes resolverlos sigue leyendo porque aquí te vamos a dar algunas claves.

Bien, el escenario de análisis que planteábamos la semana pasada ya está muerto (puedes leer los puntos 1 y 2 relacionados con las bases del porqué surgen los conflictos aquí). Ahora toca pasar a la acción. ¿Qué hacemos para evitar un conflicto?

Y es que hay conflictos que no pueden evitarse. Bien porque se ha dado una situación que no se puede obviar, o porque tú, como padre, no consideras que tengas que hacerlo. En ese caso puedes pasar directamente al apartado de cómo solucionarlos.

Pero seguramente hay muchos otros conflictos que podrían evitarse y en consecuencia hacernos las vidas más felices a todos.

¿Cómo hacerlo?

3.1 No juegues a ganar o perder. El resultado siempre es a perder.

Cuando hablamos de conflictos con tus hijos: cómo evitarlos y cómo resolverlos, una de las primeras cosas que hay que tener en cuenta es cómo entendemos nosotros la discusión porque nuestra manera de enfrentarnos a ella, determinará cómo va a evolucionar.

Es curioso, si te das cuenta todo el lenguaje que generamos en torno a una discusión nos lleva a una metáfora bélica: ganamos con argumentos, su opinión es indefendible, buscamos sus puntos débiles y al fin, con-vencemos.

Sin embargo, esta concepción de la discusión como una guerra en la que siempre hay un ganador y un perdedor, lo único que provoca son pequeñas fracturas en las relaciones íntimas de las personas.

Dado que, con suerte, tus relaciones familiares las vas a mantener de por vida, recuerda esto: si en una discusión crees que has ganado, no hay duda, en el fondo, ambos habéis perdido.

En caso de conflicto, no pierdas la oportunidad de demostrar a tus hijos cuánto les quieres. Si ves que hay algo que les molesta, intenta entenderles, aclárales por qué crees que algo es mejor para ellos y no pierdas la oportunidad de que los dos habléis libremente de vuestras emociones y opiniones.

Aprender que no todo es un ataque. Esta es la clave para evitar gran parte de los conflictos en casa.

3.2 Practica la intelegencia emocional primero contigo

Y sí amigos, y es que veo cada vez más padres y madres que están tan involucrados en la educación de sus hijos que se olvidan de sí mismos. Se olvidan de que ellos también tienen una vida. Son profesionales, amigos, amantes y también son hijos.

Lo que te quiero decir es que no pongas todos los focos en tu hijo. Procura que tu vida sea una vida feliz. Y no digo en casa, porque esto vendrá como consecuencia de lo anterior.

Digo, que te preocupes primero de tus propias emciones y necesidades, y luego vamos a pensar en las del resto. Porque el peligro que tiene lo contrario es que provoquemos discusiones por ese sobredimensionamiento que tenemos de la vida de nuestros propios hijos.

Pasar tiempo de calidad con ellos, reíros juntos y tener hobbies comunes. Este es un gran antídoto frente a las discusiones.

3.3 Sé flexible, especialmente contigo

Si tú estás leyendo este post seguramente serás de esos padres y madres que se exigen mucho como tales.

Deseas que tu hijo tenga la mejor educación posible, que tenga éxito en el ámbito profesional y en sus relaciones personales y, en definitiva, tenga una vida plena y feliz.

Y te cargas la mochila de un montón de exigencias, sobre las cosas que «deberías hacer» para que todo eso suceda.

Y eso es fantástico, estamos en un momento de cambio en los enfoques sobre la educación de los niños y muchos padres quieren hacer las cosas lo mejor posible.

Pero ¿qué pasa?, pues que muchas veces pagamos con nuestros hijos enfados que tenemos con nosotros mismos.

Por eso si eres más flexible, más compasivo y te tomas menos en serio, generarás muchas menos discusiones. Porque es cierto que una educación consciente en los niños es la base de una vida plena y feliz. Pero no es tan complicado como parece, porque creeme que tú hijo, igual que tú, sólo necesita que le quieran.

Quiérete para quererles. Ese es el quid de la cuestión.

¿Cómo solucionarlos?

Bueno, el conflicto ya es manifiesto, ya está sobre la mesa. Búscate un sitio cómodo porque aquí te voy a dar una serie de trucos sobre cómo solucionar un conflicto y salir reforzado del mismo.

4.1 Comunicación, comunicación y después comunicación

Sí, hablar las cosas de manera sincera y sin ataques es siempre la mejor opción. Te voy a dar un truco para empezar una conversación y que no acabe en portazo.

Empieza por hablar de cómo te sientes tú. Sí señor, empezar con un «tengo miedo de que te pase algo» «siento que cada vez me necesitas menos y eso me asusta«, son cosas que literalmente desmontan a la persona que te está escuchando.

Porque no estás hablando de cómo debería el otro ser o sentir, sino que estás hablando de ti mismo. Esto es, padres y madres que me estáis leyendo, inteligencia emocional en estado puro.

4.2 Ponte en su piel

Y mira que no digo pónte en su lugar. No, yo te pido que hagas un esfuerzo mayor, quiero que sientas lo que vuestro hijo siente en sus carnes. Que recuerdes cuando eras adolescente y tus padres te decían como debías y cómo no debías vivir.

Es normal que en un proceso de educación los padres intenten guiar a sus hijos, porque ¡sorpresa! Para eso estáis ahí. Y no, no hay manera perfecta de hacerlo en la que nunca vayas a tener conflictos con tus hijos. De hecho la educación va, en gran parte, de poner límites. Y esto nos lleva al siguiente punto.

4.3 Pon límites

Una de las cosas más importantes para solucionar los conflictos con tus hijos es esta: pon límites.

Pon límites, tanto en vuestra relación, en la manera de expresaros y en el tono. Pon límites, también, en cuanto a las acciones, cosas que se pueden y cosas que no se pueden hacer en casa para tener una convivencia sana.

De hecho una práctica bastante extendida en algunas aulas que puede llevarse también a los hogares es hacer una especie de contrato familiar.

Una cuestión importante para que esto funcione es que el contrato surja de un consenso entre todos. Podéis utilizar un papel, un documento de word o una pizarra en la cocina. El dónde no importa, importa que quede ahí y que se pueda acceder a él en momentos de tensión.

Por ejemplo, para tí puede ser importante que no se den portazos, y para tu hijo que no entréis en su cuarto sin llamar a la puerta. ¿Lo ves? es el mismo objeto visto desde dos puntos de vista. Lo importante es que, de verdad se llegue a un acuerdo sobre cinco/ocho/diez cosas que se deben de respetar en una casa.

Te soprenderá la manera en la que los niños asumen las normas cuando se les ha hecho partícipes de su propia redacción.

4.4 Se consciente de tu lenguaje corporal. De verdad, ¿qué les estás transmitiendo?

Cuando hablamos de conflictos con tus hijos, no basta tener cuidado con lo que se dice, sino cómo se dice. Por ejemplo, tu puedes intentar que tus palabras suenen lo menos atacantes posibles pero si tu posición corporal refleja otra cosa te puedo asegurar que el cerebro de tu hijo sólo va a comprender una cosa, o mejor dicho, dos: ataque y defensa.

Resolver conflictos con los hijos

Se conciente de qué cosas, tensiones, y frustraciones estás llevando tú a esa conversación y lo que esperas recibir de ella. Si estás nervioso será mejor que hagáis una pausa y habléis al cabo de un rato. Las cosas, en caliente nunca salen bien, y no te va a respetar más porque ganes un pulso a la fuerza.

Se trata más bien de que note que tienes unos límites que son firmes y además son lógicos teniendo en cuenta las necesidades de vuestra convivencia y su propia educación.

Y un segundo truco infalible es: recuérdale sus cosas buenas. Ya sé, estáis discutiendo, parece que no pega. Pero no es así, los niños y adolescentes están creando su propia identidad y necesitan saber que vosotros los queréis por lo que son y que reconocéis las mejores cosas que tiene vuestro hijo para vosotros.

Piensa que el uno sois un reflejo del otro, y si empiezas a cultivar en ti una imagen negativa de tu hijo, él siempre va a responder a esta imagen.

Así que, en primer lugar, respira y dáte tiempo para decir aquello que tengas que decir, trabaja tu expresión corporal y recuérdale a tu hijo todas las cosas que admiras y que valoras de él.

Aunque no lo parezca es entonces cuando más lo necesita.