¿Por qué se originan los conflictos entre hijos y padres?

¿Estoy teniendo, de verdad, un conflicto en casa?

Esta es una pregunta que muchos padres y madres me hacen cuando hablamos sobre la educación de sus hijos. Es la eterna duda de ¿esto es normal? Ya te adelanto, los conflictos entre padres e hijos son algo natural e inevitable.

Lo que pasa en casa solo lo saben los de casa y no contamos, la mayoría de veces, con elementos válidos de comparación. Y no, las series con padres idílicos que preparan un desayuno modo buffet cinco estrellas y los hijos encantadores que les dicen te quiero cada vez que salen de casa, tienen que dejar de ser ya vuestra referencia.

¿Soy demasiado estricto? ¿Lo estoy haciendo bien? Entonces, ¿por qué tengo tantos conflictos con mis hijos?

Ojo, cuando hablamos de conflicto hay que tener en cuenta que no nos estamos refiriendo a todo tipo de conflicto con nuestros hijos o discusión doméstica, pues no todas van requerir de nosotros la misma atención.

Todo el mundo se ha levantado un día con el pie izquierdo o ha llegado a casa tan cansado que parece que de lo único que tienes ganas es de encontrar a alguien para provocar una discusión. Predicar con el ejemplo todos los días no siempre es fácil, como te contábamos en otro post.

Pero esto no debe preocuparos, siempre que sea algo esporádico. De hecho, una sobrepreocupación sobre cualquier tipo de discusión en casa puede hacer que hagamos «montañas de granos de arena«, y no, no queremos eso.

Lo que sí debe ser objeto de atención, son aquellos temas que surgen con cierta periodicidad y se manifiestan siempre alrededor de unos mismos temas o situaciones.

Esto nos puede servir de pista para darnos cuenta de que hay algo, tanto en nuestros hijos como en nosotros mismos, que puede estar ocasionando el conflicto.

A mí, el conflicto me gusta definirlo como un choque de trenes. Dentro del sistema familiar cada uno tiene una serie de roles asignados y de ellos se deriva una actitud y una manera de ser y comportarse ante las cosas.

Cuando estas actitudes, maneras de ser y comportamientos son incompatibles con las del otro, surge inevitablemente el conflicto.

A veces, los conflictos entre padres e hijos no son tan aparentes

Ojo, el conflicto no tiene que ser «ruidoso«. Hay familias en las que jamás se levanta la voz, pero existe un conflicto latente, que enrarece cada vez más el ambiente familiar y principalmente la relación entre padres e hijos. Además en este caso, surge el problema de la incomunicación, lo cual dificulta una resolución satisfactoria de los mismos.

Así que, lo primero que hay que hacer es quitarse el miedo al conflicto. Porque ¿sabes un secreto? Las familias sin problemas no existen, y menos con hijos adolescentes.

Forma parte del propio proceso madurativo, el hecho de que vayan surgiendo conflictos a medida que los distintos roles de hijos, hermanos y padres se van modificando con el paso del tiempo.

Entonces, ¿por qué surgen los conflictos?

Bien, ahora sabemos qué es un conflicto en el sentido que lo queremos tratar aquí. Pero ¿por qué surgen?

Podríamos pensar que de la propia definición surge la razón. Porque si el conflicto es un choque de roles, de intereses o maneras de ser, está será la razón por la que surgen… ¿o no?

No, la respuesta es no. Si te fijas, en tu día a día te encuentras con un muchísimas personas con las que no compartes tu visión de las cosas ni tus intereses pero no entras a discutir como lo haces con tus hijos.

La razón es porque con tu hijo hay un interés que no surge con cualquier otra persona. Es curioso que del amor nace el conflicto. De hecho, es muy raro que tengas un verdadero conflicto con alguien que te produce indiferencia y si surge, es por razones meramente instrumentales.

De aquí surge la primera cuestión a tener en cuenta. Si discutes con tu hijo es porque te importa. Obvio, ¿verdad? Pero lo mismo al revés, si tu hijo discute contigo también es porque le importas. Vale, por eso y porque quiere que le dejes salir hasta más tarde, pero ese ya es otro tema.

Por tanto, repítete siempre: del amor nace el conflicto.

Pero vayamos un poco más allá. Para analizar la razón principal de un conflicto con nuestros hijos en concreto, te propongo que utilices lo que yo llamo la técnica del trazo grueso, es decir, que definas la discusión a grandes rasgos. Utiliza palabras grandes como libertad, autonomía, identidad, control o miedo.

Te darás cuenta de que así es mucho más fácil descubrir qué es de verdad lo que está pasando y que, por cierto, siempre es mucho más profundo que la hora de llegada a casa, de la ropa o de los deberes.

Este será el porqué profundo de las discusiones que tenemos con los que más nos importan. Un ejemplo típico en las discusiones con hijos adolescentes es el choque entre su búsqueda de libertad con tu necesidad de protección. El establecer los límites nunca es sencillo y siempre va a generar fricciones.

Ojo, esto no sólo es natural, sino que también es SALUDABLE.

Si quieres descubrir cómo podéis evitar los conflictos entre padres e hijos y superarlos sin morir en el intento, te invito a que leas el post de la semana que viene. Va a venir cargadito de trucos para que la paz reine en tu casa (aunque solo sea por un tiempo).