¿Sirve (de verdad) el coaching para algo?

El coaching sirve. Necesitas un objetivo, compromiso y un (buen) coach

He decidido hacer este post porque a pesar de que el término resulta cada vez más familiar, no deja de haber un desconocimiento general de lo qué es y qué no es esta disciplina y de su utilidad, dando por hecho de que sirve para algo…

Si te contará la de términos, acepciones, interpretaciones que me he ido encontrado en torno al término coaching…algunos no te los creerías. Todavía recuerdo a alguien que me dijo medio en broma, medio en serio: “¿cómo? ¿qué es eso de cuchi cuchi?” ¡Qué risas! Tú, querido amigo, te lanzo un guiño desde aquí, ya sabes quién eres.

Créeme si te digo que cuando comencé, mis allegados más cercanos me preguntaban si iba a vender humo, si me había sumado a la corriente esa de positividad extrema y visualización (tú visualiza mucho mucho mucho que vas a cobrar un millón de euros y llega un día y ¡voilá! los cobras) o si empezaba a difundir esa visión de la vida “flower power” “tú puedes” o “consigue todo lo que te propongas”. Y en parte tenían razón porque estoy de acuerdo con estas últimas del que la sigue la consigue pero no sin grandes dosis de conocimiento personal, actitud y responsabilidad. Que se dice pronto, pero después… es otro cantar.

Pero volvamos al hilo… ¿Sirve o no sirve el coaching?

Como nos decía un fantástico profesor que tuve en bachillerato cada vez que nos formulaba una pregunta: depende.

¿Y de qué depende que sirva el coaching o no?

Pues de lo mismo para lo que sirve que te apuntes al gimnasio si quieres bajar de peso o que te apuntes a clases de idiomas para aprender inglés.

Es decir, no sirve de nada si no hay compromiso. Y no puede haber compromiso, mientras no haya motivación. Y no podrá existir motivación mientras no creas en el proceso y tengas definido para qué quieres hacerlo.

Este para qué es infinito. Puede ser desde una nueva situación a la que te tengas que enfrentar, una conversación pendiente con alguien, la frustración de sentir que no avanzas en tu trabajo o el no saber cómo gestionar tus propias emociones en determinados momentos, lo que te lleva a tomar malas decisiones.

Vale, estas situaciones anteriormente descritas nos pasan a cualquiera, estarás pensando, pero claro, ¿cómo voy a confiar en el proceso si no se en qué consiste el proceso? Ajá, pues sólo te queda una cosa (más bien cuatro): recopilar la máxima información posible (define muy bien con tu coach qué entiendes del proceso y qué esperas de él); confiar (el feeling con tu coach y con el proceso es imprescindible, pues será la única forma de expresarte y abrirte, sin tapujos de por medio), poner toda la carne en el asador (comprométete, sólo si hay compromiso alcanzarás tu meta, a la cual llegarás pasito a pasito pero con firmeza) y ponte en marcha (¡pasa a la acción! desde el minuto uno).

Aquí entra en conflicto lo que has oído del coaching, lo que te han contado y los coaches que has podido ver en la tele, que a veces, sirven como referencia sin serlo, por lo menos no como coaches profesionales. Por desgracia, en torno al término existe tanta connotación negativa que, en parte, se ha devaluado la propia disciplina. Probablemente antes de tiempo, sin dar de sí lo que podría dar. Es decir, y hablando en lenguaje coachiniano, hemos ido adquiriendo una serie de creencias que nos limitan a la hora de confiar en el proceso.

El coaching infantil y juvenil SÍ funciona

Algo que no les ocurre a los niños. Con ellos es otra cosa, pues todavía no tienen ese sistema de creencias tan arraigado como tú o como yo y su capacidad de sumergirse en un mundo lleno de posibilidades es gigantesco. Están abiertos a todas las opciones.

Desde mi experiencia, los más jóvenes, entienden el coaching como una conversación en la que indagan en sí mismos. Se olvidan simplemente de que están en un proceso de coaching, pues yo en ninguna de las sesiones introduzco dicho término. Lo entienden como un tiempo de reflexión para dejar aflorar aquello que más les preocupa en todas las áreas, permitiéndose una evaluación de su vida desde otras perspectivas.

Esto, creedme, se trata de una experiencia que ellos ven como una oportunidad valiosísima. ¿Que cómo lo sé? Porque lo veo. De repente, les cambia la expresión, la mirada, la postura. Algo que también ocurre con los adultos pero no de manera tan rápida y sorprendente (aunque igual de mágico).

Coaching-infantil-Right-Mind

Ese momento de parar, de hablar de sí mismos y reflexionar sobre sus emociones, expectativas e inquietudes, lo agradecen muchísimo y así lo transmiten cuando llegan a casa. Y no porque tengan pautas que seguir, sino porque algo dentro de ellos ha cambiado, y cuando tú cambias… todo cambia.

Esto funciona con los niños y con los jóvenes porque eliminamos de su vocabulario la terminología conceptual referida al coaching y simplemente se dejan llevar, no por el coach, sino por ellos mismos. Y es ahí, donde está la esencia del coaching: aprender a dirigir tu propia vida en la dirección que tú deseas. Si la actitud con la que comienzas el coaching es completamente abierta, sin barreras ni condiciones, se pueden dar resultados extraordinarios.

¿Cuál es el papel del coach?

Si hablamos de que el coachee (término que se utiliza para designar a la persona que está haciendo un proceso de coaching), es el único responsable en marcar sus objetivos, sus soluciones y los caminos que le llevarán a conseguirlo, la siguiente pregunta sería: ¿qué hace entonces el coach?

Lo cierto es que no todo el mundo necesita un coach. Pero a veces,un acompañamiento, una persona que te escuche sin juicios, que apueste contigo hasta donde tú apuestes, que fomente tu compromiso con el objetivo que deseas, que te ayude a descubrir qué es lo que te frena y qué es lo que te impulsa, sirve de palanca para pasar a la acción. Esto es lo que hace el coach.

Todavía recuerdo el primer día que hice coaching, como coachee, no como coach. Confesaré que con algo de escepticismo, acudí a mi coach y después de una conversación con ella  y de sus preguntas hechas en el momento oportuno, fui capaz de ver opciones que ni me había planteado. Esto me llevó a trazar un plan y conseguir esos pequeños objetivos que me llevaron a mi meta (llevándome grandes recursos que no sabía ni que tenía por el camino).

Me gustaría terminar este post concluyendo que sí, el coaching sirve si quieres que te sirva. Sin importar si tienes seis años o cien, pues nadie te impide lo que tú quieres, excepto tú mismo. Y a veces, sólo a veces, ese empujoncito, puede ser la clave.