3 sencillos pasos para educar en inteligencia emocional en casa (parte 2)

Una cosa que tenemos que tener clara: la emoción es diferente a la conducta

Llegados a este punto, todos tenemos claro que las emociones son cambiantes, algunas agradables y otras no, pero todas ellas son válidas. Cuando un niño tiene un comportamiento desmesurado (rompe cosas, pega, grita…) frente a una determinada situación, la idea es penalizar el comportamiento (como probablemente hacemos todos) pero siempre, siempre, siempre, validando la emoción cómo hemos visto en el post anterior.

El punto de validar la emoción es fundamental para crear una buena conciencia emocional en los niños pero sobre todo con el fin de generar un autonocimiento mayor de la persona para su posterior gestión emocional. Si sabe lo que siente, y como suele actuar cuando siente una determinada emoción, será más sencillo controlar el comportamiento cuando ésta venga.

¿Cómo controlar las conductas generadas por emociones de alta intensidad?

A veces, experimentamos las emociones con tal grado de intensidad, que resulta difícil controlar nuestros comportamiento. Nos volvemos como un huracán, que se lleva todo lo que encuentra a su paso por delante.

Seguro que a muchos papás y mamás que estéis leyendo el post os viene a la cabeza una determinada conducta o situación que habéis vivido en vuestras propias carnes. Ya sea porque vuestro hijo o hija se ha descontrolado en algún momento, o habéis sido vosotros los que habéis perdido los nervios.

Para enseñar a nuestros hijos a controlar la conducta ocasionada por una determinada emoción desagradable, como la rabia, la ira, el enfado… dentro de la «normalidad» (sin pegar, gritar, lastimar) conviene que recurramos a un bálsamo mágico con poderosos efectos.

¿No os pasa alguna vez, que tenéis un problema que os agobia, os inquieta, no os deja dormir, y de repente, aparece un amigo, vuestra pareja, quien sea, se lo contáis y eso que os ponía tan tristes, de repente al ser compartido, pesa menos? Esto es básicamente porque el simple hecho de validar lo que sentimos y ponerle nombre, tiene un efecto claramente calmante.

Cómo enseñar a los niños a controlar su comportamiento

Esto sucede igual con los niños. Hay veces que esa emoción, trae consigo una determinada conducta imparable e incontrolable. Por eso, en estos casos, es importante que el niño adquiera una serie de habilidades concretas que le permitan gestionar su comportamiento. 

¿Por dónde empezamos? Hablando con ellos. ¿Y ya está? Se preguntarán algunos papás y mamás. Sí, ya está. Pero hablar, esa acción que realizamos todos los días y que parece tan sencilla, si la evaluamos no es así. Pasamos horas juntos, pero son pocas las que invertimos en un buen tiempo de calidad escuchando atentamente lo que nos cuentan los niños.

Para hablar con ellos hay algo que es clave: preguntar. No desde el punto de vista detectivesco, sino desde una perspectiva de curiosidad, dando la responsabilidad al niño para que él mismo pueda proponer las acciones determinadas para comportarse de diferente manera cuando sienta rabia, por ejemplo.

Hablar con ellos, implica dejar que se desahoguen. Aunque no estéis de acuerdo con lo que os están contando, manteneos al margen de realizar cualquier tipo de juicio y escuchad. Si os sentís tentados de dar vuestra opinión, sería conveniente pedir permiso: «¿Quieres que te diga cómo lo veo yo?»; y aprovechad la ocasión para hablar también de vuestros sentimientos. Además de que vosotros mismos experimentaréis el bálsamo de expresar, también serviréis de ejemplo. Que como siempre decimos es la mayor fuente de aprendizaje para tus hijos.