Mi hijo es muy inteligente. ¿Emocionalmente?

A menudo, la mayor preocupación de los padres que vienen a las sesiones de coaching, recae sobre el comportamiento de sus hijos. Bien es cierto, que algunas familias acuden a nosotros en busca de asesoramiento cuando atisban un fracaso escolar, la mayor parte de las inquietudes provienen de comportamientos relacionados con la gestión emocional.

Una emoción, da lugar a una acción. Y dicha acción, da lugar a un determinado comportamiento.

¿Qué comportamientos traen de cabeza a los padres?

  • la falta de autonomía del niño (provocado quizás por miedo o inseguridad)
  • la falta de comunicación y expresión de sus emociones (falta de seguridad o baja autoestima)
  • mal humor habitual, actitudes desafiantes (poca tolerancia a la frustración)
  • la falta de atención y facilidad para distraerse (puede ser ocasionado por aburrimiento, una emoción olvidada pero emoción también).
  • la desmotivación (quizás ocasionada por la tristeza)

Por aclarar, estos son sólo un ejemplo. Cada comportamiento puede venir ocasionado por tantas emociones como personas estamos en el planeta.

Como ya hablamos en otros posts, aunque poco a poco se van introduciendo diferentes programas de educación emocional en los colegios, esto no es suficiente. La inteligencia emocional se trabaja fundamentalmente desde casa. Y no tiene ningún misterio (lo cual no significa que sea coser y cantar) pero por simplificar mucho, ¿qué debemos hacer como padres o educadores? Simplemente, predicar con el ejemplo.

Siempre resultará más fácil que un niño acabe aficionándose a la lectura si ve a sus padres leer. O que unos padres aficionados al deporte, indirectamente fomenten también esa afición a su hijo.

El truco es ser padres emocionalmente inteligentes para proporcionar a nuestros hijos las herramientas necesarias para que ellos también lo sean.

Entonces…para que mi hijo sea inteligente emocionalmente, ¿tengo que serlo yo?

Sí. Por eso, los hábitos que te describiré en el siguiente post, son practicados tanto por los padres como por los hijos. Y podrían ser practicados por abuelos, tíos, maestros, ejecutivos, panaderos, fontaneros, etc. Es indiferente porque la inteligencia emocional nos sirve a todos, nos facilita la vida y hace que la posibilidad de éxito en nuestras tareas diarias tanto a nivel personal como profesional aumenten.

Ser inteligente emocionalmente significa ser capaz de manejar de forma efectiva y precisa nuestras emociones y las de los demás.

Esto es muy importante porque algunas emociones nos generan motivación y energía, mientras que otras, como la ansiedad, el miedo o la frustración, nos desequilibran y nos complican la vida. Estas últimas bloquean nuestros recursos más positivos y si no sabemos gestionarlas, y ponemos la atención en ellas, las engordamos haciendo que se apoderen de nosotros.

Predicar con el ejemplo no siempre es fácil

Me gustaría aterrizar a la realidad porque cuando hablamos de inteligencia emocional parece que se trate de ser perfectos. Ser pacientes, asertivos con nuestros hijos, priorizar la educación sobre cualquier otra cosa… Pero ser una supermamá, un superpapá o un supereducador/a puede resultar más que complicado, extenuante, frustrante y agotador.

Para ser inteligente emocionalmente, debemos comprender por qué nos sentimos como nos sentimos, ponerle un nombre a esa emoción y gestionarla adecuadamente. La gestión emocional implica no sufrir un secuestro emocional. Que nuestra emoción no nos secuestre y desencadene comportamientos perjudiciales para nosotros y los demás sería uno de los grandes beneficios de la educación emocional.

Con una buena inteligencia emocional, tendremos la habilidad de no dejarnos dominar por nuestras emociones, sino disociarnos de ellas y aprovecharlas según nos convengan.

Un día cualquiera…

7.00 horas. Te suena el despertador. Ducha rápida. Recoges rápido lo que no recogiste la noche anterior. Hoy vas genial de tiempo, ¡bien! Comienza un nuevo día.

*Emoción identificada: entusiasmo.

**Gestión emocional: buena.

7.15 horas. Te preparas el desayuno. Desayunas mientras repasas tu día.

*Emoción identificada: serenidad.

**Gestión emocional: buena.

7.20 horas. Te diriges a la habitación de tu hijo. Es la hora de levantarse. Tú ya te temes lo peor. Lo despiertas. Tu hijo abre un ojo, está muerto de sueño, te dice. Como puedes, te aseguras de que está despierto.

*Emoción identificada: incertidumbre.

**Gestión emocional: buena.

7.25 horas. No oyes ningún ruido. Se está cumpliendo lo peor. Tu hijo se ha vuelto a dormir. Vamos a llegar tarde otra vez, piensas. Te mantienes en calma. Vuelves a la habitación. Como puedes, vuelves a despertarlo. Te aseguras de que no se duerma sacándolo de la cama.

*Emoción identificada: frustración. Después alivio (¡se ha levantado!)

**Gestión emocional: buena.

7.30 horas. Bien. Lo has conseguido. Oyes el agua del grifo del baño correr. Se está lavando la cara. ¡Hoy lo conseguimos! Piensas tú.

*Emoción identificada: orgullo.

**Gestión emocional: muy buena (te regodeas un poquito en la emoción de manera consciente y te sube el buen humor).

7.40 horas. Te preparas tus cosas para la oficina. Hoy vais a llegar puntuales. ¡Sí, sí y sí!

*Emoción identificada: orgullo.

**Gestión emocional: muy buena (te sigues regodeando y como estás orgulloso de ir puntual, te sientes genial, vas más rápido, eres más eficaz, productivo..)

7.45 horas. Tu hijo no sabe qué ponerse. Tú, por darle autonomía, le dejas que seleccione lo que quiera siempre que sea adecuado. Aunque…te viene a la cabeza que en quince minutos salís de casa. Oh, oh…

*Emoción identificada: calma. Y ansiedad. Raro, ¿verdad?

**Gestión emocional: buena.

7.50 horas. Sigue frente al armario.

*Emoción identificada: tensión (vais a llegar tarde otra vez).

**Gestión emocional: regular.

7.55 horas. Los nervios aparecen, los sientes. Uy… haces lo que puedes para no sufrir un secuestro. Aunque debería hacerlo él, le preparas el desayuno o llegaréis tarde seguro mientras le gritas desde la cocina que no hace falta que corra. Quieres que vuele.

*Emoción identificada: irritación. Y enfado.

**Gestión emocional: mala (y va in crecendo).

7.58 horas. Se toma el vaso de leche de un trago y se lleva un plátano para el camino.

*Emoción identificada: empiezas a no identificar. No sabes si seguir en el enfado, la incertidumbre o la esperanza de llegar a tiempo.

**Gestión emocional: regular tirando a mal.

8.00 horas. Deberíais estar saliendo de casa. No lo estáis. Tus gritos: ¡yo me voy! Sus gritos: ¡un momento! ¡ya estoy! Tus gritos: ¡ni un momento, ni dos!¡yo me voy!

*Emoción identificada: enfado.

**Gestión emocional: mala.

8.03 horas. Todavía no está listo. Se suceden los gritos.

*Emoción identificada: enfado.

**Gestión emocional: malísima. Estás que te sales de tus casillas.

8.05 horas. Sigue sin estar listo. Respiras y cuentas hasta diez. Hasta cien. Hasta mil.

*Emoción identificada: hiperenfado.

**Gestión emocional: eres consciente de que te estás dejando llevar y que la emoción te va a durar buena parte de la mañana. Mala.

8.08 horas. Lo ves que viene hacia la puerta corriendo por el pasillo. Vais todo el camino sin hablar hasta la parada, casi sudando y a mata caballo.

*Emoción identificada: superenfado.

**Gestión emocional: mala.

8.13 minutos. Perdéis el autobús en vuestras narices. O coges el coche y lo llevas al cole. O le mandas en un taxi.

*Emoción identificada: frustración, rabia, decepción, desaliento.

**Gestión emocional: ajjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjjj.

Te dejo a ti, que termines esta historia de lo más cotidiana. Era una de las historias que más se repetían en cada tutoría con los padres: ¿cómo puedo ser emocionalmente inteligente todo el tiempo? Por las mañanas es imposible, me decían.

No debemos confundir el ser inteligentes emocionalmente, con estar «bien» todo el tiempo.

La raíz de las emociones son nuestros pensamientos, así que por un lado, debemos pensar bien, si queremos sentir bien para vivir bien. Y por otro lado, escuchar muy bien nuestras emociones (y la de nuestros hijos) porque nos estarán dando muchísima información de lo que realmente está ocurriendo.

Darte a ti mismo y a los demás el espacio necesario para sentir la emoción, es el primer hábito que puedes practicar para aprender y enseñar inteligencia emocional.

Éste, es sólo el primer paso. En el próximo post, hablaré de los hábitos que practican los padres con los niños emocionalmente inteligentes y que fácilmente podrás aplicar tú también. Además, daré también las claves para que ser emocionalmente inteligentes, también por las mañanas, sea posible.